sábado, 29 de octubre de 2011

Breve aproximación a la novela de porfiriato




La novela del porfiriato: Un reflejo de su sociedad


Aun cuando la novela es un género de ficción y no pretende realizar un estudio sociológico o histórico, a través de sus páginas, ayuda al lector a entender y estudiar la historia de lo cotidiano, los códigos y formas de comportamiento social de una época. Los autores, a través de sus personajes, reflejan sus preocupaciones e ideologías de la sociedad de su tiempo, en este caso nos ocuparemos del período conocido como el porfiriato, y solamente de algunos aspectos de los muchos que se pueden obtener de su lectura. Su visión será, aunque haya algunas diferencias socio económicas entre ellos, las de hombres de clase media o alta, con sus convenciones y juicios personales. ya que con el ascenso de Porfirio Díaz a la presidencia, después de la Revuelta de Tuxtepec, se inicia un período sin grandes movimientos armados, lo que da a esta época su fama de estabilidad política, después de haber pasado por casi sesenta y cinco años de enfrentamientos armados entre los diversos grupos contendientes desde la consumación de su independencia.

Las obras de las que nos ocuparemos son: Baile y Cochino de José T. Cuellar (1886); La Bola, La Gran Ciencia, El Cuarto Poder, Moneda Falsa, tetralogía de Emilio Rabasa (1887-1888); La Rumba de Ángel del Campo (1890-1891); La Parcela de José López Portillo y Rojas (1898); y Los Parientes Ricos de Rafael Delgado (1902).

Los novelistas recrean desde su óptica el fluir de la vida cotidiana, acontecer en el que aparentemente no pasa nada, y se limitan a relatar vidas privadas, las de aquellos que se ocupan por sobrevivir, las de otros que quieren alcanzar un estatus social, o bien, conservarlo. Seres con anhelos, frustraciones, logros y sueños, los que en un proceso largo y casi imperceptible dan forma a los cambios de usos y costumbres en una sociedad como la mexicana, en la que sobreviven los prejuicios y aparecen otros, en ese entramado de relaciones sociales, que se adaptan y transforman a nuevas circunstancias .Para retratar a esa sociedad, los escritores apoyan sus descripciones en lo que observan, bien sea para ensalzarlo o denostarlo. Los personajes, se convierten en tipos que conforman esa sociedad que describen, con los valores aceptados por la mayoría.



Movilidad Social

La movilidad social se da tanto de forma ascendente como descendente, y en un país como México que vivió luchas armadas casi continuamente, permitió que algunos individuos cambiaran de estrato socio-económico como consecuencia de las revueltas locales y golpes de estado, sus fortunas se veían menguadas o se multiplicaban en ocasiones, y en otras la oportunidad política o de amistad les permitía obtener una posición económica que nunca imaginaron desde su origen de nacimiento.

Cuando se publica la tetralogía de Emilio Rabasa, ocupa la presidencia Manuel González, los movimientos armados son acontecimientos recientes, una amenaza latente. “La bola” produce cambios sociales, hombres del pueblo, que por habilidad, casualidad o falta de ética logran tener una posición económica que les permite acceder o intentar ingresar en los grupos sociales que tienen el poder e imponen sus normas de conducta. Tienen que aprender nuevas formas de socialización para ser aceptados.

En la obra de Rabasa, la movilidad social está condicionada a “la bola”, ésta le da la oportunidad a uno de los principales personajes, Mateo Cabezudo, de un ascenso económico, político y social. Este era hijo de una lavandera de la hacienda de Juan Quiñones, el otro protagonista, quien es obligado a participar por medio de la leva en una de las constantes revueltas. En “la bola” le dan al principio y, después él mismo se otorga, grados militares hasta llegar a coronel. Con los primeros triunfos de armas, y el reparto y venta de tierras con la desamortización llega a obtener magníficos recursos económicos. Después ocupa los cargos de diputado local y diputado federal. Durante el transcurso de la obra se pasa del pueblo de San Martín de la Piedra, a la capital del estado, continúa en la ciudad de México y termina con el regreso al pueblo. Juan, el hijo de su ex patrón está enamorado de la sobrina de Matías, a éste le parece poco para ella, después de su enriquecimiento y poder político. La trama de las cuatro novelas gira en torno de esta historia de amor entre los jóvenes y el odio cada día más irreconciliable entre los protagonistas.

Juan aunque ha descendido económica y socialmente, tiene una educación que le permite conseguir empleos medios en una oficina o como periodista. Se sabe desenvolver entre las personas de clase alta, por lo mismo, siente que puede criticar a Mateo y su transformación física al encontrarlo en la fiesta de cumpleaños del gobernador, en la capital del estado. Según la descripción de Juan, el tosco soldado de la leva, había intentado cambiar su aspecto:

“La barbería, dice, había tomado en ello parte muy principal y notoria, pues recortados los cabellos y domada un tanto su elasticidad a influjo de pegajosa pomada, asentados y mejor dirigidos los ásperos bigotes, y bien rapada la barba, el aspecto de don Mateo se había modificado, adquiriendo su semblante cierta benignidad de fiera amansada”. (Rabasa, La Gran… 1996, 199)

En cuanto a

“Las prendas de vestir, aunque de acuerdo con la moda, le caían malísimamente, pues le faltaba eso que se llama saber llevar un traje. Parecía que la levita evitaba, alejándose, el contacto de aquel corpachón; la corbata caía relajada sobre el pecho, y el cuello de la camisa permitía a la pletórica garganta más holgura de la que demandaba el buen parecer”. (Rabasa 1996, 199)

Los hombres públicos se transforman al ocupar cargos que tal vez nunca pensaron obtener. Cuando Mateo se instala en la ciudad de México, al tratar de adquirir el estilo de las clases acomodadas, a su sobrina le compra joyas, ropa, además de pasearse en costosos carruajes por Plateros para mostrar su riqueza.

Baile y Cochino de Cuéllar, obra que coincide con el fin del primer mandato de Porfirio Díaz en la presidencia, nos presenta un mosaico de personajes de la clase media. La obra gira alrededor de un baile que organiza un coronel y su esposa recién llegados de provincia a la ciudad de México por lo que no tienen conocidos o amigos de confianza, un tal Saldaña, hombre acomodaticio sin un oficio o trabajo fijo, sirve de intermediario para establecer algunos contactos, y convence al coronel de que serán invitados importantes los que asistirían al baile porque él tiene buenas relaciones sociales.

Unas de las invitadas son las hermanas Machuca, que habían sido muy pobres “descalcitas”, que tenían un hermano, el que por los comentarios de otros sabemos que era un “...lebrón de siete suelas”, (Cuellar1946, 254) a quien “le dio una salvadota Tuxtepec...” (Cuellar 19446, 254), y “sin dejarse ver mucho, sacaba dinero de todas partes, algunos decían que tenía el contrato de adoquines de la calle de Plateros”. (Cuellar 1946, 256)

Tuxtepec también es un hecho reciente cuando se publica esta obra, aquí también aparecen estos personajes que cambiaron su estrato socio económico, y aprovecharon los movimientos armados, se beneficiaron con ellos y una vez lograda cierta estabilidad, ocuparon cargos que los ayudaban en su ascenso económico. Sin embargo, aunque tienen poder económico, no están relacionados con ese grupo minoritario de las llamadas “clases altas”. El cambio de comportamiento, exigido por éstas, no se ha efectuado. Conservan muchas de las actitudes de su grupo de origen, y aunque el autor no lo ejemplifica con el hermano Machuca, sí lo hace explícito en las hermanas, quienes a pesar de tener una apariencia externa de cierto refinamiento por la ropa que usan y lo que gastan, su comportamiento las denuncia: asisten a las ferias a apostar, reciben hombres en su casa sin ningún recato, se emborrachan en la fiesta y su lenguaje no es el propio de personas educadas.

En la fiesta aparecen también los indios, sirvientes o garbanceros, están en un estrato social aparte, con sus propios códigos de conducta, y aunque al autor no esté de acuerdo con éstos, los describe como característicos de este grupo. Les falta la moral y el comportamiento que exigiría a las personajes de otro estrato, están aparte, como condenados a no participar, ni ascender en la escala social.

La Parcela de José López Portillo y Rojas, es la única novela de las que nos ocupamos de carácter rural, si no consideramos La Bola de Rabasa, que también se desarrolla en un pequeño pueblo. En esta obra, el tema es la envidia y la disputa entre dos hacendados por obtener más tierras de parte de uno de ellos y por lo tanto más riqueza y poder. Los personajes secundarios tienen los mismos defectos y ambiciones que en La Bola entre aquellos individuos que tratan de llegar a ocupar el cargo de presidente del ayuntamiento, intrigas, votaciones amañadas y malos manejos e interpretaciones de la ley para tener un puesto de importancia que les daría poder.

Los campesinos, dependiendo de quienes son sus patrones, sufren o se benefician, pero les son fieles incondicionalmente. Ocupan una posición social de la que no saldrán. El hacendado ambicioso, Miguel Díaz:
“Habíase criado, según lo describe el autor, en la atmósfera feudal del campo, donde se adquiere el hábito de guardar poco respeto a ciertas garantías individuales, y no era escrupuloso en el uso de la autoridad. Varias veces había castigado a sus mozos por propia mano, lanzándolos de sus tierras, prendiendo fuego a sus chozas, encerrándolos en las trojes y poniéndolos en el cepo... “ (López Portillo y Rojas 1996, 384)

Se presenta también al joven “europeo nostálgico”, como lo califica López Portillo, que estudió en Europa con gran sacrificio de sus padres: todo lo que existe en México le parece despreciable, gasta el dinero y se avergüenza de sus progenitores, quienes mueren de tristeza. Para seguir gastando y despilfarrando se casa con una joven rica, a la que incluso llega a golpear, además desde luego, de dilapidar su fortuna, hasta que ella pide el divorcio. Éste es un comportamiento social novedoso, con las leyes de Reforma, se acepta el divorcio civil, sin embargo, el cambio que significa tardará en aceptarse, aun cuando esté legislado. Enrique Jaramillo, este juez corrupto en el que se convirtió aquel joven, trata de enamorar a una amiga de la protagonista de la novela, cuando ésta se entera que es un hombre casado, lo rechaza en seguida. Es decir, el divorcio civil no tenía validez si se quería tener una relación que se considerara legítima socialmente.

Rafael Delgado publica Los Parientes Ricos en 1902. El régimen del Porfirato está consolidado. En esta novela los protagonistas pertenecen a dos familias, una de ellas se convirtió en el prototipo de la sociedad más encumbrada, la de Juan Collantes, la otra es la de su hermano muerto, Ramón. La viuda de éste y sus cuatro hijos, aunque tienen buenas maneras y habían gozado de bienestar económico, ahora les era difícil sostenerse, pero siempre guardan el decoro y el buen trato de una clase social venida a menos. Los hermanos tuvieron un enfrentamiento irreconciliable por razones políticas. Ramón fue un liberal que perdió todos sus bienes y al morir dejó a su mujer e hijos con apenas lo necesario para vivir, a diferencia de Juan, quien luchó con los conservadores. La hermana de ambos se casó con un militar francés, y éste ayudó a Juan a relacionarse y lograr soberbios negocios con el Tesoro Francés. Emigró a París con su familia, desde donde siguió amasando su fortuna y redondeando sus negocios en México. Regresó al país en los años setenta, volvió a Francia, en donde tenía la mayor parte de su capital, y por fin decide radicar en México.

Cuando llega es recibido como un gran señor y un gran acaudalado. La época de las ideologías irreconciliables ha pasado, no importa a cual de los grupos se haya pertenecido. Incluso Juan y su mujer presumen de tener parientes nobles en Francia, la familia de su hermana (recordemos que su marido fue uno de los invasores franceses). Cuando ésta muere y se les notifica de su deceso, le celebran una misa con túmulo y blasones. Presumen de pertenecer a una aristocracia con heráldica, no solamente económica. Para esta minoría es de buen gusto y les otorga una categoría diferente, no se trata sólo de nuevos ricos, sino que tienen un abolengo reconocido, que los acredita y legitima.

Este grupo representado por la familia de Juan Collantes, también es afrancesado. Los hijos no tienen una ocupación precisa y tal vez, porque nunca se dice, ayudan al padre en sus negocios. Asisten a la ópera, llevan ropa de lo más cara, casi toda traída de Europa. Juan el hijo mayor sale con las tiples y les obsequia costosos regalos.

El ascenso o descenso social está en la suerte que corren los hombres de la familia. Para las clases medias, las carreras u oficios de los jóvenes les permiten obtener un trabajo, aun cuando no esté bien remunerado. Como ejemplos tenemos a Juan Quiñones de la obra de Rabasa, que cuando pierde su patrimonio se dedica al periodismo; o de la obra de Delgado, Ramón Collantes, el hijo de Dolores, estudiante de preparatoria en quien la familia tiene puesta toda su confianza para que estudie una carrera y, al finalizarla, pueda conseguir un buen trabajo que les permita salir adelante a todos económicamente con su ayuda. La educación de acuerdo a lo que reflejan las novelas, sirve a los jóvenes para obtener puestos medios. Los ricos son los terratenientes, inversionistas o políticos en altos cargos.


¿Y LAS MUJERES?

Sin embargo, para las mujeres no existe casi ninguna posibilidad de ascenso social, siguen la suerte de los hombres, del cabeza de familia. En todos los autores se encuentra la preocupación moral, denuncia o advertencia a las jóvenes que por diferentes motivos en esa búsqueda, bien sea de pareja, o de estabilidad económica no siguen las normas de una conducta moral de acuerdo a los autores. En éstos existe una coincidencia, en todas las novelas aparece algún personaje femenino que ejemplifica estas transgresiones “morales”, pero que también nos indican como lectores que éste es un hecho y comportamiento bastante generalizado. El trabajo para las mujeres de la alta sociedad de esa época es impensable. No existe una necesidad económica ni de realización personal como lo entendemos actualmente. La realización está en encontrar una pareja, con una posición económica como la que tienen o mejor, y tener una familia.

Pero están las otras mujeres, las de clase media, media baja y baja. En La Rumba, de Ángel del Campo, por ejemplo, la novela transcurre en un barrio así llamado, en las afueras de la ciudad (aun cuando se puedan oír las campanas de Catedral). También le dan ese nombre a Remedios, hija del herrero del barrio, un hombre borracho, con una madre resignada y llena de hermanitos. Remedios es una muchacha bonita que aspira salir de ese lugar y consigue un trabajo en un taller de costura en el centro. La pretende el empleado de una tienda, Cornichón, quien la seduce, ella se va a vivir con él, lo que ocasiona el repudio de su padre sobre todo, y el chismorreo y burla de sus vecinos. El seductor al poco tiempo no le presta la misma atención, le deja de dar dinero y ella tiene que soportarlo todo. En una discusión y forcejeo, la pistola se dispara y Cornichón muere. Remedios se va a juicio, sale libre, sus padres se habían ido a otra ciudad, y pareciera que el único refugio que le queda es el de la iglesia a la que entra al llegar al barrio de donde salió, pero ya sin ningún futuro.

Este era su castigo por presuntuosa y ambiciosa, cuando para ella el “...pasar de un herrería a un taller de calle céntrica había sido un paso bastante largo; ser amada por un Cornichón era estar casi en los umbrales de la dicha.”(de Campo 1991, 710) Así pensaba Remedios cuando le proponía el novio que se fuera a vivir con él. Le alquiló un cuarto en una vecindad y hasta sirvienta, pero los sueños no se realizaron. Cambió el rebozo por un tápalo, eso ya trasgredía las normas del barrio, pero arrancaba piropos en la calle. En su intento de convertirse en una “rota”, fracasó aun en el arreglo:

“Quiso botas y no podía andar con ellas, la sofocaba el corsé, se le ladeaba el sombrero, se le despegaba el vestido...la Remedios disfrazada de catrina, era otra cosa, le hablaban de tú los toreros, las señoras decentes la señalaban como paya. El modesto peinado de costurera le daba un aire gracioso el fleco sobre los ojos, los rizos, verdaderas patillas, que se enrollaban en sus sienes, el polvo de arroz, hacia que la confundieran con –una de esas”. (de Campo 1991, 725)

La Rumba no consiguió entrar en otro círculo social, además recibió el castigo de la vergüenza y el desprecio del grupo al que pertenecía por nacimiento.

Las historias de mujeres con amantes son varias, por lo general de muchachas inconformes con su posición social, o con pretensiones, que no aceptan trabajos o que simplemente se enamoran de sus pretendientes. Elena, la prima de uno de los jóvenes de Los Parientes Ricos, se embaraza de Juan y éste no sólo no se casa con ella, sino que se va a Europa con una joven, Concha Mijares, amiga de Elena, quien cree en su promesa de matrimonio seducida por la posición social y riqueza del joven.

El mismo Juan Quiñones, protagonista joven de la tetralogía de Rabasa, en una de sus muchas decepciones por acercarse a la sobrina de Mateo Cabezudo, se deja llevar por las insinuaciones de Jacinta, -hija del dueño de la casa de vecindad en donde vivía en la ciudad de México-, y decide huir con ella, cuando están apunto de irse, Juan no cumple con lo prometido, y Jacinta se va con el amigo que los esperaba. La noticia que le llega a Juan, tiempo después, es que ese amigo después de un tiempo la abandonó y ella fue cayendo hasta llegar a la prostitución.

O el caso de don Manuel de Baile y Cochino, que tenía un ejército de mujeres, además de tres casas con familia, convierte en su amante a Enriqueta, muchacha joven y bonita, pero pobre, con pleno consentimiento de su madre para recibir ayuda económica. Tenemos también a Saldaña , organizador del baile del coronel, que tiene a la madre de sus “criaturitas”, a la que visita en la vecindad donde alquila un cuarto, de cuando en cuando, y le da para comer también de cuando en cuando.

Las mujeres “decentes” aceptan su realidad y se conforman o sufren, pero no toman ninguna iniciativa, las que así lo hacen son castigadas con el engaño de los amantes o están en sus manos ya que son ellos los que las mantienen. Los ejemplos de seducciones se retratan en las clases bajas o medias, en las que se evidencia el amasiato. Seguramente en las clases altas la solución que se daba en caso de engaño se disimulaba, y curiosamente estas historias no aparecen en las novelas.


Usos y Costumbres

El estrato económico y social de los personajes, se refleja también en lo que comen, el servicio de la mesa, su ornamentación, sirvientes, ropa, carruajes. El rico hará ostensible su riqueza, y los que suben o pretenden adquirir un rango diferente del que provienen, imitarán las formas de los de la clases más altas si tratan de confundirse o de integrarse. Ya vimos como Remedios de La Rumba, intenta vestirse como “las rotas”, o Mateo Cabezudo de la Tetralogía de Rabasa, cambió su aspecto físico y su ropa.

Los usos y formas diarias de convivencia, al recibir invitados, lo que sirven y cómo lo sirven mostrará el estrato social y la jerarquía de los personajes que se describen en las novelas. Los grupos más pobres de los suburbios, que apenas tienen para su subsistencia, compran lo elemental como frijoles, con tlacos y pilones, que son fracciones mínimas monetarias, y beben aguardiente. Cuando el coronel le pide a Saldaña que lo ayude a organizar su fiesta, este le sugiere que se den carnes frías, pasteles y gelatinas. Las gelatinas son algo nuevo para el general, no sabe lo que son. En la vinatería en donde compra la bebida, se come un “vol au vent” de ostiones. Alquilan la vajilla y cuando una de las invitadas pide agua, los sirvientes que ayudan en esa ocasión para el servicio, se lo dan en un jarro que era en realidad lo que usaban los dueños de la casa. Para los sirvientes, por ejemplo, el relleno de los pasteles les era desconocido, cuando uno pregunta: “-¿Qué fue usted a limpiar? –Pos ese como atole que tienen por dentro los pasteles. –¿Como huevo? -Sí espeso.- Se llama clema- dijo la cocinera.”(Cuellar 1946, 350)

En La Parcela, para solucionar el problema del deslinde de tierras, Pedro Ruiz se asesora de un famoso licenciado y no por comer en el monte la comida que se sirvió fue escasa. Don Pedro “sabía hacer las cosas.” (López Portillo y Rojas 1996, 247) Los peones suben al monte a pie o en burros todos los enseres y platillos que ofrecerá a sus invitados. Preparan una mesa en el suelo con manteles de lino, sirven una sopa humeante, un asado suculento, verduras, postre, tacita de café, alternando con la copa de jerez al principio, el vino tino en el medio y la champaña Viuda Clicqot Ponsardin y coñac para concluir. Miguel Díaz, su contrincante, cuando piensa que ganó el pleito, ofrece una gran fiesta, para la que manda traer los manjares de la ciudad, los centros de mesa eran de Christofle, jarrones de porcelana llenos de flores, fuentes de confitería francesa.
En Los Parientes Ricos, con una mayor sofisticación urbana y en una sociedad de la clase más alta como la que representa Juan Collantes, en una cena que ofrece a un grupo de invitados, está al tanto de que luzcan en la mesa, la vajilla de Sévres, los cubiertos y bandejas de plata, etc., se “...preocupa y ocupa de mandar a los periódicos la reseña de la cena, sobre todo a El Nacional, lista de comensales, descripción de los salones, del comedor y de la mesa, el menú, y crónica del concierto el cual según costumbre europea, cantaron y tocaron artistas de los teatros, y varios profesores del Conservatorio.” (Delgado1992, 223).

También las diferencias en el habla evidencian la educación y el círculo social al que se pertenece. Juan Quiñones, durante la fiesta de cumpleaños del gobernador, dice alegrarse cuando Mateo pronuncia su discurso sin haber echado un ¡canasto! (Rabasa, La Gran… 1997, 204), era lo que se dice mal hablado, pero el autor en la época que escribe no se atreve a poner las palabras completas, las insinúa solamente. Las Valcuerno, las que fueron “descalcitas”, en Baile y Cochino, tenían apariencia de distinción mientras estuvieran calladas, porque la sin hueso, les hacía la más negra de las traiciones”,(Cuellar 1946, 256) ya que, “...cuando hablan se dejan ver la hilaza; y es lo más natural, porque la pulcritud en el lenguaje no es un artículo de comercio como el raso maravilloso”,(Cuellar 1946, 256) por ejemplo usaban la palabra “caray”, o bien “hombre” como interjección, o “trompeta” como sinónimo de borracha.


Conclusión

En los quince años transcurridos entre la publicación de la primera novela y la última que aquí tratamos, los cambios son apenas perceptibles, sin embargo de la preocupación de las revueltas, se pasa a un orden de gobierno establecido, las diferencias ideológicas parecen haber desaparecido, hay una emigración aún incipiente, del campo a la ciudad, la urbanización es importante, la modernidad aparece como logros gubernamentales con la introducción de los adelantos de la época (luz eléctrica, tranvías, etc.). Sin embargo, la sociedad mexicana es una sociedad heterogénea y bastante estratificada, cada grupo tiene sus normas de conducta.

Los modelos de comportamiento social están descritos desde el punto de vista de los autores, en los que las variables son de matiz, pero no de fondo. De hecho, la movilidad social se hace más evidente, en las primeras obras, la tetralogía de Rabasa, o en Cuellar en Baile y Cochino, en las que los personajes, debido a los movimientos armados, y reacomodamientos políticos, cambian el lugar o pueblo en el que crecieron, e intentan adaptarse no solamente a una nueva clase social, sino también a formas de conducta diferentes de las zonas rurales o urbanas. Lo que en sus pueblos pasa desapercibido, las ciudades les demandan una mayor exigencia y un cambio de actitudes para ser aceptados por los grupos de poder y socialmente consolidados. Si tienen poder adquisitivo, compran objetos o elementos decorativos, ropa, alhajas, casa, coche, o los alquilan, en ciertos casos, para aparentar, o cambian su apariencia física.

Coinciden todos ellos, en que la educación y conducta social denuncia la extracción de los personajes. Las “buenas maneras” se adquieren en el origen de la familia a la que se pertenece, a pesar de no ser esto una verdad irrefutable. Aunque los autores denuncian el comportamiento ético de las clases altas o de los arribistas, tampoco aprueban el de las clases medias que pretenden lo que no tienen o no son. Existe una advertencia moral a las mujeres, que pretendían salir de los códigos dominantes. Las clases bajas o las de los campesinos, tienen también sus propias formas, no están de acuerdo con ellas, pero tampoco les exigen nada, se quedan como están y están donde están porque son lo que son.

Las novelas tienen sobre todo un contenido moral que señala los valores de la época, los establecidos, los aceptados socialmente y de los que son también partícipes los autores. La novela se convierte por lo tanto en una fuente para la reconstrucción histórica de la vida cotidiana, la de las relaciones sociales, el comportamiento sexual, el lenguaje, la vestimenta, la moral social y la privada, la vinculación que existe entre los individuos con su entorno, esa que no está en los archivos, y que nos permite observar a través de diversas ventanas, el acontecer de sucesos al parecer sin importancia y aislados, pero que marcan el rumbo del conjunto social que conforma la interrelación de los distintos grupos, en los que no existen restricciones formales para su movilidad social, pero sí de la aceptación o rechazo de los que tienen el control político y económico.

Octavio Paz: "La llama doble"





Octavio Paz, La llama doble. Amor y erotismo (México: Seix Barral, 2000)

La llama doble es un ensayo poético. Como el mismo Octavio Paz lo señala en el prólogo, este libro tiene relación con un poema que escribió anteriormente: “Carta de creencia”. La llama doble es el amor y el erotismo, asociados, por supuesto, a la sexualidad:

“No hay amor sin erotismo como no hay erotismo sin sexualidad. Pero la cadena se rompe en sentido inverso: amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible.”

El nobel mexicano explora el sentimiento amoroso a través de la historia: "Los reinos de Pan", "Eros y Psiquis", "Prehistoria del amor", "La dama y la santa", "La plaza y la alcoba", entre otros. Por ejemplo, nos recuerda que el primer poema de amor es obra de Teócrito: La hechicera, escrito en el primer cuarto del siglo III a. de C., en él se cuenta la historia de un hombre, Delfis, que abandona a su amante, Simetha. Ella está muy enamorada y quiere que él regrese, así que planea, junto a Testilis (su sirvienta), un hechizo (el rito negro) para conseguir que vuelva. El estribillo que repiten mientras llevan a cabo el conjuro dice: pájaro mágico, devuélveme a mi amante, tráelo a mi casa. "El furor amoroso de Simetha, dice el escritor, parece inspirado por Pan, el dios sexual de pezuñas de macho cabrío, cuyo hálito sacude follajes y provoca el delirio de las hembras. Sexualidad pura". Simetha sufre "...la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura".

Una parte muy bella es cuando nos habla del ritual del amor cortés, nos dice que era una ficción poética, "una regla de conducta y una idealización de la realidad social. Así, es imposible saber cómo y hasta qué punto sus preceptos se cumplían. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los trovadores eran poetas de profesión y sus cantos expresaban no tanto una experiencia personal vivida como una doctrina ética y estética (...) Esas canciones, frescas como el amanecer, iluminarían a la lírica europea, de los ruiseñores de Shakespeare a las alondras de Lope de Vega".

El despliegue en este libro es enorme, pasamos por personajes de ficción y escritores, como Tristán e Isolda, Dante y Beatriz, Petrarca y Laura (que era antepasada del marqués de Sade), Donne, Quevedo, Lope de Vega, Ronsard, Julieta, Ofelia, Marco Antonio, Otelo, Balzac "y su galería de enamoradas y enamorados", la duquesa de Langeais, y muchos más, en una palabra: recorremos de su mano la historia de occidente. Al final expresa su poética, una síntesis, digamos, de todo lo que este estudio nos ofrece:

"El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones."

El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante.








Octavio Paz: "Carta de creencia", preámbulo a "La llama doble"






CARTA DE CREENCIA
    CANTANTA
            1
Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso.
No es luz ni sombra:
                                      es tiempo.
Hora, pausa precaria,
página que se obscurece,
página en la que escribo,
despacio, estas palabras.
                                                La tarde
es una brasa que se consume.
El día gira y se deshoja.
Lima los confines de las cosas
un río obscuro.
                            Terco y suave
las arrastra, no sé adónde.
La realidad se aleja.
                                    Yo escribo:
hablo conmigo
                          —hablo contigo.

Quisiera hablarte
como hablan ahora,
casi borrados por las sombras
el arbolito y el aire;
como el agua corriente,
soliloquio sonámbulo;
como el charco callado,
reflector de instantáneos simulacros;
como el fuego:
lenguas de llama, baile de chispas,
cuentos de humo.
                                  Hablarte
con palabras visibles y palpables,
con peso, sabor y olor
como las cosas.
                              Mientras lo digo
las cosas, imperceptiblemente,
se desprenden de sí mismas
y se fugan hacia otras formas,
hacia otros nombres.
                                        Me quedan
estas palabras: con ellas te hablo.

Las palabras son puentes.
También son trampas, jaulas, pozos.
Yo te hablo: tú no me oyes.
No hablo contigo:
                                  hablo con una palabra,
Esa palabra eres tú,
                                        esa palabra
te lleva de ti misma a ti misma.
La hicimos tú, yo, el destino.
La mujer que eres
es la mujer a la que hablo:
estas palabras son tu espejo,
eres tú misma y el eco de tu nombre.
Yo también,
                        al hablarte,
me vuelvo un murmullo,
aire y palabras, un soplo,
un fantasma que nace de estas letras.

Las palabras son puentes:
la sombra de las colinas de Meknès
sobre un campo de girasoles estáticos
es un golfo violeta.
Son las tres de la tarde,
tienes nueve años y te has adormecido
entre los brazos frescos de la rubia mimosa.
Enamorado de la geometría
un gavilán dibuja un círculo.
Tiembla en el horizonte
la mole cobriza de los cerros.
Entre peñascos vertiginosos
los cubos blancos de un poblado.
Una columna de humo sube del llano
y poco a poco se disipa, aire en el aire,
como el canto del muecín
que perfora el silencio, asciende y florece
en otro silencio.
                              Sol inmóvil,
inmenso espacio de alas abiertas;
sobre llanuras de reflejos
la sed levanta alminares transparentes.
Tú no estás dormida ni despierta:
tú flotas en un tiempo sin horas.
Un soplo apenas suscita
remotos países de menta y manantiales.
Déjate llevar por estas palabras
hacia ti misma.
            2
Las palabras son inciertas
y dicen cosas inciertas.
Pero digan esto o aquello,
                                                nos dicen.
Amor es una palabra equívoca,
como todas.
                        No es palabra,
dijo el Fundador:
                                  es visión,
comienzo y corona
de la escala de la contemplación
—y el florentino:
                              es un accidente
—y el otro:
                      no es la virtud
pero nace de aquello que es la perfección
—y los otros:
                          una fiebre, una dolencia,
un combate, un frenesí, un estupor,
una quimera.
                          El deseo lo inventa,
lo avivan ayunos y laceraciones,
los celos lo espolean,
la costumbre lo mata.
                                        Un don,
una condena.
                          Furia, beatitud.
Es un nudo: vida y muerte.
                                                  Una llaga
que es rosa de resurrección.
Es una palabra:
                              al decirla, nos dice.

El amor comienza en el cuerpo
¿dónde termina?
                                Si es fantasma,
encarna en un cuerpo;
                                        si es cuerpo,
al tocarlo se disipa.
                                    Fatal espejo:
la imagen deseada se desvanece,
tú te ahogas en tus propios reflejos.
Festín de espectros.

Aparición:
                    el instante tiene cuerpo y ojos,
me mira.
                  Al fin la vida tiene cara y nombre.
Amar:
              hacer de un alma un cuerpo,
hacer de un cuerpo un alma,
hacer un tú de una presencia.
                                                          Amar:
abrir la puerta prohibida,
                                              pasaje
que nos lleva al otro lado del tiempo.
Instante:
                  reverso de la muerte,
nuestra frágil eternidad.

Amar es perderse en el tiempo,
ser espejo entre espejos.
                                                Es idolatría:
endiosar una criatura
y a lo que es temporal llamar eterno.
Todas las formas de carne
son hijas del tiempo,
                                      simulacros.
El tiempo es el mal,
                                      el instante
es la caída;
                      amar es despeñarse:
caer interminablemente,
                                              nuestra pareja
es nuestro abismo.
                                    El abrazo:
jeroglífico de la destrucción.
Lascivia: máscara de la muerte.

Amar: una variación,
                                        apenas un momento
en la historia de la célula primigenia
y sus divisiones incontables.
                                                      Eje
de la rotación de las generaciones.

Invención, transfiguración:
la muchacha convertida en fuente,
la cabellera en constelación,
en isla la mujer dormida.
                                              La sangre:
música en el ramaje de las venas;
                                                              el tacto:
luz en la noche de los cuerpos.

                                                        Trasgresión
de la fatalidad natural,
                                          bisagra
que enlaza destino y libertad,
                                                      pregunta
grabada en la frente del deseo:
¿accidente o predestinación?

Memoria, cicatriz:
—¿de dónde fuimos arrancados?,
memoria: sed de presencia,
                                                    querencia
de la mitad perdida.
                                      El Uno
es el prisionero de sí mismo,
                                                      es,
solamente es,
                            no tiene memoria,
no tiene cicatriz:
                                amar es dos,
siempre dos,
                        abrazo y pelea,
dos es querer ser uno mismo
y ser el otro, la otra;
                                      dos no reposa,
no está completo nunca,
                                          gira
en torno a su sombra,
                                        busca
lo que perdimos al nacer;
la cicatriz se abre:
                                  fuente de visiones;
dos: arco sobre el vacío,
puente de vértigos;
                                    dos:
Espejo de las mutaciones.
            3
Amor, isla sin horas,
isla rodeada de tiempo,
                                            claridad
sitiada de noche.
                                Caer
es regresar,
                        caer es subir.
Amar es tener ojos en las yemas,
palpar el nudo en que se anudan
quietud y movimiento.
                                          El arte de amar
¿es arte de morir?
                                  Amar
es morir y revivir y remorir:
es la vivacidad.
                            Te quiero
porque yo soy mortal
y tú lo eres.
                        El placer hiere,
la herida florece.
En el jardín de las caricias
corté la flor de sangre
para adornar tu pelo.
La flor se volvió palabra.
La palabra arde en mi memoria.

Amor:
              reconciliación con el Gran todo
y con los otros,
                              los diminutos todos
innumerables.
                            Volver al día del comienzo.
Al día de hoy.

La tarde se ha ido a pique.
Lámparas y reflectores
perforan la noche.
                                  Yo escribo:
hablo contigo:
                            hablo conmigo.
Con palabras de agua, llama, aire y tierra
inventamos el jardín de las miradas.
Miranda y Fernand se miran,
interminablemente, en los ojos
—hasta petrificarse.
                                      Una manera de morir
como las otras.
                              En la altura
las constelaciones escriben siempre
la misma palabra;
                                  nosotros,
aquí abajo, escribimos
nuestros nombres mortales.
                                                    La pareja
es pareja porque no tiene Edén.
Somos los expulsados del Jardín,
estamos condenados a inventarlo
y cultivar sus flores delirantes,
joyas vivas que cortamos
para adornar un cuello.
                                            Estamos condenados
a dejar el Jardín:
                                delante de nosotros
está el mundo.
                                  Coda
Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar.
Tu mirada es sembradora.
Plantó un árbol.
                              Yo hablo
porque tú meces los follajes.

Octavio Paz: "Carta de Creencia"




miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mario Vargas Llosa: Premio Nobel de Literatura 2010



Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació un domingo 28 de marzo de 1936 en la ciudad de Arequipa (Perú). Sus padres, Ernesto Vargas Maldonado y Dora Llosa Ureta, ya estaban separados cuando vino al mundo y no conocería a su progenitor hasta los diez años de edad.

Estudia la primaria hasta el cuarto año en el Colegio La Salle de Cochabamba en Bolivia. En 1945 su familia vuelve al Perú y se instala en la ciudad de Piura, donde cursa el quinto grado en el Colegio Salesiano de esa ciudad. Culmina su educación primaria en Lima e inicia la secundaria en el Colegio La Salle.

El reencuentro con su padre significa un cambio en la formación del adolescente, que ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, en el cual sólo estudia el tercer y cuarto año; sin embargo, termina la secundaria en el Colegio San Miguel de Piura.

En 1953 regresa a Lima. Ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudia Letras y Derecho. Su opción no fue aceptada por su padre, por lo que fue una etapa sumamente difícil, más aún cuando a los dieciocho años decide contraer matrimonio con su tía política Julia Urquidi, lo que aumentó sus urgencias económicas. Paralelamente a sus estudios desempeña hasta siete trabajos diferentes: redactar noticias en Radio Central (hoy Radio Panamericana), fichar libros y revisar los nombres de las tumbas de un cementerio, son algunos de ellos. Sin embargo, sus ingresos totales apenas le permitían subsistir.

En 1959 parte rumbo a España gracias a la beca de estudios "Javier Prado" para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid; así, obtiene el título de Doctor en Filosofía y Letras. Luego de un año se instala en París.

Al principio su vida en la ciudad de la luz transcurre entre la escasez y la angustia por sobrevivir, por lo que acepta trabajos que, o bien lo mantenían en contacto con su idioma a través de la enseñanza (fue profesor de español en la Escuela Berlitz), o le permitían trabar amistades literarias, como cuando fue locutor en la ORTF francesa o periodista en la sección española de France Presse.

Los esfuerzos por llevar a cabo su vocación literaria dan su primer fruto cuando su primera publicación, un conjunto de cuentos publicados en 1959 con el título Los jefes, obtiene el premio Leopoldo Arias. Anteriormente había escrito una obra de teatro, el drama La huída del Inca.

En 1964 regresa al Perú, se divorcia de Julia Urquidi y realiza su segundo viaje a la selva donde recoge material sobre el Amazonas y sus habitantes.

Viaja a La Habana en 1965, donde forma parte del jurado de los Premios Casa de las Américas y del Consejo de Redacción de la revista Casa de las Américas; hasta que el caso Padilla marca su distanciamiento definitivo de la revolución cubana en 1971.

En 1965 se casa con Patricia Llosa. De la unión nacen Álvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974). En 1967 trabaja como traductor para la UNESCO en Grecia, junto a Julio Cortázar; hasta 1974 su vida y la de su familia transcurre en Europa, residiendo alternadamente en París, Londres y Barcelona.

En Perú, su trayectoria sigue siendo fructífera. En 1981 fue conductor del programa televisivo La Torre de Babel, transmitido por Panamericana Televisión; en 1983, a pedido expreso del presidente Fernando Belaúnde Terry, preside la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay para averiguar sobre el asesinato de ocho periodistas.

En el ´87 se perfila como líder político al mando del Movimiento Libertad, que se opone a la estatización de la banca que proponía el entonces presidente de la República Alan García Pérez.

El año 1990 participa como candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático-FREDEMO. Luego de dos peleados procesos electorales (primera y segunda vuelta), pierde las elecciones y regresa a Londres, donde retoma su actividad literaria.

En marzo de 1993 obtiene la nacionalidad española, sin renunciar a la nacionalidad peruana.

En la actualidad colabora en el diario El País (Madrid, España, Serie Piedra de toque) y con la revista cultural mensual Letras Libres (México D.F., México y Madrid, España, Serie Extemporáneos).

Los méritos y reconocimientos lo acompañan a lo largo de su carrera. En 1975 es nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y en 1976 es elegido Presidente del Pen Club Internacional. En 1994 es designado como miembro de la Real Academia Española.

Asimismo, ha sido Profesor Visitante o Escritor Residente en varias universidades alrededor del mundo, como en el Queen Mary College y en el King´s College de la Universidad de Londres, en la Universidad de Cambridge y en el Scottish Arts Council (Inglaterra); en el Washington State, en la Universidad de Columbia, en el Woodrow Wilson International Center for Scholars del Smithsonian Institution, en la Universidad Internacional de Florida, en la Universidad de Harvard, en la Universidad de Siracusa, en la Universidad de Princeton y en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos); en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (Puerto Rico); en el Wissenschaftskolleg y en la Deutscher Akademischer Austauschdienst (Berlín, Alemania), en la Universidad de Oxford, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander, España), en la Universidad Rey Juan Carlos (Aranjuez, España); entre otras.

Por otro lado, ha participado como jurado en los siguientes eventos:
"Premios Casa de las Américas", La Habana, Cuba (1965); "Festival de Cine Iberoamericano de Huelva" (1995), donde ocupa el cargo de Presidente del Jurado; "Premio Miguel de Cervantes", España (1998 y 1999); y "ECHO Television & Radio Awards" (1998); "Festival Internacional de Cine de San Sebastián", España (2004), donde ocupa el cargo de Presidente del Jurado.

Las siguientes obras forman parte de su vasta producción literaria:
La huída del Inca, pieza de teatro (1952); El desafío, relato (1957); Los jefes, colección de cuentos (1959); La ciudad y los perros, novela (1963);La casa verde, novela (1966); Los cachorros, relato (1967); Conversación en La Catedral, novela (1969); Carta de batalla por Tirant lo Blanc, prólogo a la novela de Joanot Martorell (1969); Historia secreta de una novela, ensayo (1969); García Márquez: historia de un deicidio, ensayo literario (1971); Pantaleón y las visitadoras, novela (1973); La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary, ensayo literario (1975); La tía Julia y el escribidor, novela (1977); La señorita de Tacna, teatro (1981); La guerra del fin del mundo, novela (1981); Entre Sartre y Camus, ensayos (1981); Kathie y el hipopótamo, teatro (1983); Contra viento y marea, ensayos políticos y literarios (1983); Historia de Mayta, novela (1984); La suntuosa abundancia, ensayo sobre Fernando Botero (1984); Contra viento y marea, volúmenes I (1962-1972) y II (1972-1983), (1986); La Chunga, teatro (1986); ¿Quién mató a Palomino Molero?, novela policial (1986); El hablador, novela (1987); Elogio de la madrastra, novela (1988); Contra viento y marea, volumen III (1983-1990), (1990); La verdad de las mentiras, ensayos literarios (1990); A Writer's Reality, colección de conferencias dictadas en la Universidad de Siracusa (1991); Un hombre triste y feroz, ensayo sobre George Grosz (1992); El pez en el agua, memorias (1993); El loco de los balcones, teatro (1993); Lituma en los Andes, novela (1993); Desafíos a la libertad, ensayos sobre la cultura de la libertad (1994); Ojos bonitos, cuadros feos, obra dramática para radio (1994); La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, ensayo (1996); Making Waves, selección de ensayos de Contra viento y marea, publicado sólo en inglés (1996); Los cuadernos de don Rigoberto, novela (1997); Cartas a un joven novelista, ensayo literario (1997); La fiesta del Chivo, novela (2000); Nationalismus als neue Bedrohung, selección de ensayos políticos, publicado sólo en alemán (2000); El lenguaje de la pasión, selección de artículos de la serie Piedra de toque (2001); El paraíso en la otra esquina, novela (2003); Diario de Irak, selección de artículos sobre la guerra en Irak (2003); La tentación de lo imposible, ensayo sobre Los Miserables de Victor Hugo (2004); Un demi-siècle avec Borges, entrevista y ensayos sobre Borges, publicado sólo en francés (2004); Mario Vargas Llosa. Obras Completas, Vol. III Novelas y Teatro (1981-1986), (2005); Dictionnaire amoureux de l’Amérique latine, ensayos publicado solo en francés, (2005); Israel/Palestina. Paz o guerra santa, recopilación de artículos, (2006); Travesuras de la niña mala, novela, (2006); Odiseo y Penélope, teatro (2007); Diálogo de damas, poemas relacionados con las esculturas de Manolo Valdés, Aeropuerto Barajas de Madrid (2007); Touchtones. Essays on Literature, Art and Politics, ensayos publicados en inglés (2007); Wellsprings, conferencias y ensayos publicados en inglés (2008); Al pie del Támesis, teatro (2008); El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, ensayo (2008);Sables y utopías. Visiones de América Latina, selección de ensayos sobre temas de arte literatura y política (2009); Las mil noches y una noche, teatro (2009); Fonchito y la luna, cuento infantil (2010) y El sueño del celta, novela (2010).

Sus obras han sido traducidos al francés, italiano, portugués, catalán, inglés, alemán, holandés, polaco, rumano, húngaro, búlgaro, checo, ruso, lituano, estonio, eslovaco, ucraniano, esloveno, croata, sueco, noruego, danés, finés, islandés, griego, hebreo, turco, árabe, japonés, chino, coreano, malayo, cingalés, serbio, letón, bosnio, georgiano, Bahasa, indonesio, Malayalam, macedonio, Sinhala, hindi, vietnamita, estonio y gallego.