sábado, 10 de abril de 2010

Josefina Vicens: "El libro vacío"

Empecemos por algunas frases, de esas que nos sacuden como lectores amantes del arte de la escritura:

•"Después de escrita una cosa, o hasta cuando la estoy escribiendo, se empieza a transformar y me va dejando desnudo".

•"Si el libro no tiene eso, inefable, milagroso, que hace que una palabra común, oída mil veces, sorprenda y golpee; si cada página puede pasarse sin que la mano tiemble un poco ... ¿qué es un libro?"

•"¿Por qué este dolor desajustado? ¿Por qué un libro no puede tener la misma alta medida que la necesidad de escribirlo?"

•"Yo pretento escribir algo que interese a todos. ¿Cómo diría? No usar la voz íntima, sino el gran rumor"

•"Secarse por uno mismo es carecer del elemento que humedece y conserva la frescura. Y secarse por uno mismo es hacer desaparecer voluntariamente ese elemento, extraerlo de uno para provocar la resequedad".

•"¿Cómo harán los que escriben? ¿Cómo lograrán que sus palabras los obedezcan? Las mías van por donde quieren, por donde pueden".

•"Mi mano no termina en los dedos: la vida, la circulación, la sangre se prolongan hasta el punto de mi pluma. En la frente siento un golpe caliente y acompasado. Por todo el cuerpo, desde que me preparo a escribir, se me esparce una alegría urgente. Me pertenezco todo, me uso todo; no hay un átomo de mi que no esté conmigo, sabiendo, sintiendo la inminencia de la primera palabra".

•"Y lo único que honestamente puedo expresar es que lo que quisiera escribir, o ya está escrito en los libros que me conmueven o será escrito por otros hombres en unos cuadernos que no se parecerán en nada a los míos".

•"Mis cuadernos. Tan tristemente llenos, éste de impotencia y el otro de blanca e inútil espera. De la espera más dificil, de la más dolorosa: la de uno mismo. Si algo escribiera en él, sería la confesión de que yo también me estoy esperando desde hace mucho tiempo, y no he llegado".

•"Un hombre no puede quedarse siempre en el primer peldaño"

•"Lánzate a tu vida desnudo, inexperto, inocente. Y sal de ella maltrecho o victorioso. Eso, al fin y al cabo, es igual. Lo importante es la pasión que hayas puesto en vivirla".

•"Así, deseando que pase el tiempo para que pasen también los problemas diarios que nos agobian, nos encontramos un día con que ha pasado nuestro tiempo y que al margen han quedado, intactos, sin edad, nuestra bohardilla en París, nuestro libro famoso, nuestro barco en plena tempestad, nuestra proeza en el campo de batalla... nuestro nombre".

•"Si encontrara una primera frase, fuerte, precisa, impresionante, tal vez la segunda sería más fácil y la tercera vendría por sí misma".

•"El verdadero problema está en el arranque, en el punto de partida... tengo que encontrar esa primera frase. Tengo que encontrarla".

Sigamos...

La vida de Josefina Vicens es en muchas de sus facetas un misterio. De inicio, no queda claro si nació en 1911 ó 1915. En lo que concuerdan los que se han acercado a su biografía, es en que fue un 23 de noviembre el día en que nació la escritora, en Villahermosa, Tabasco.


Según la investigadora literaria Rosa Domenella (UAM), quien ha dedicado mucho de su tiempo a la obra y la vida de Vicens, “Josefina resultó la única rebelde en una familia de cinco mujeres y siempre fue la preocupación de sus padres, desde sus campeonatos de balero, su pasión por la fiesta brava y su trabajo ejidal. ‘Ay, mi hijita, tú acabarás en la cárcel’, repetían sus padres, según cuenta [la misma Vicens] en una entrevista realizada por Gabriela Cano y Verena Radkau para su volumen de historias de vida femeninas, titulado Ganando espacios”.

Josefina Vicens y su familia viajaron a la ciudad de México en 1919. Sobre la vida académica de la escritora, se cuenta que estudió filosofía y letras, así como historia, en la UNAM; aunque otros aseguran que nunca hizo estudios universitarios formales, sino que después de la primaria, cursó una corta carrera de comercio de dos años, aunque ella terminó en sólo uno. No obstante, lo que destacan quienes la conocieron, es el carácter autodidacta de sus estudios y la voracidad de sus lecturas.

Josefina Vicens empezó a trabajar demasiado joven: su primer trabajo lo consiguió a los 14 años en una empresa de transporte e, inmediatamente después, ingresó al ejercicio gubernamental como secretaria particular del Jefe del Departamento de DF. Debido a su diligencia, no tardó en colocarse en diferentes puestos políticos, llegando a ser Secretaria de Acción Femenil en la Confederación Nacional Campesina durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Con el tiempo, la narradora llegó a formar parte de la sección ejecutiva del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y, en los años setenta, fue presidenta de la Comisión de Premiación de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.

Cuenta Alejandro Toledo, escritor mexicano y también estudioso de la obra de Vicens: “Desde su primer contacto con la industria fílmica mexicana, Josefina Vicens, a quienes ya entonces sus amigos se dirigen con el entrañable apodo de ‘La Peque’ [por su pequeña figura], se va familiarizando con las técnicas y el lenguaje cinematográfico, En 1948, a los 37 años de edad, escribe un primer guión que no llegó a filmarse: Aviso de ocasión”.

Con el tiempo fue aumentando su labor como guionista: el número total de sus guiones o argumentos para cine, teatro o televisión llega a la centena y quizá el más conocido sea el de Las señoritas Vivanco (1959). Sin embargo, Vicens confesó alguna vez no estar muy orgullosa de estos trabajos; si acaso, se sentía satisfecha por su labor en Renuncia por motivos de salud (1975), por el cual se le otorgó el Premio Ariel de la industria fílmica mexicana, y Los perros de Dios (1979), guión de largometraje que, además de darle otro Ariel, fue merecedor del primer lugar en el concurso de guiones de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). Vicens llegó también a ser Presidenta de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de México.

Otra de sus facetas importantes es la de periodista. En este rubro, editó su propia revista, Torerías, y escribió crónicas taurinas bajo el seudónimo de Pepe Faroles. Curiosamente, en sus artículos políticos firmaba como Diógenes García, acerca de lo cual dice Aline Petterson, quien fuera su alumna y muy cercana amiga: “Quizá la actividad vedada por entonces a la mujer mexicana le obligó a firmar con seudónimos varoniles”.

Tal como Juan Rulfo, Vicens sólo publicó dos libros: El libro vacío (1958) y Los años falsos (1983); libros, sobre todo el primero, de gran trascendencia en las letras mexicanas.

Por El libro vacío se le dio el Premio Xavier Villaurrutia el mismo año de su publicación, siendo la primera mujer en ganar este reconocimiento, a tres años de haberse creado el galardón –los primeros en obtenerlo fueron Juan Rulfo, en 1956, por Pedro Páramo y Octavio Paz, en 1957, por El arco y la lira–. Los años falsos, por su parte, se hizo merecedor del Premio Juchimán de Plata de la Universidad de Tabasco, en 1982.

Josefina Vicens murió el 22 de noviembre de 1988, un día antes de cumplir 77 años. En la actualidad, en honor a la escritora, el Gobierno del Estado de Tabasco ha creado el Premio Regional de Novela Breve Josefina Vicens. Recientemente, se presentó el libro de ensayos Un vacío siempre lleno, sobre la obra de Vicens –editado por Maricruz Castro Ricalde y Aline Petterson–. En esta publicación se añadió, aparte de algunos poemas inéditos, un cuento que nunca apareció en libro, titulado “Pepita”, escrito a partir de una pintura de Juan Soriano. En 2006, el FCE publicó las dos novelas de Josefina Vicens en un solo tomo, en donde se conservó para la cubierta, el grabado que realizó José Luis Cuevas –quien fuera amigo de Vicens– para la primera edición de Los años falsos.

El libro vacío

Es El libro vacío una novela aún no suficientemente valorada pero que sigue destacándose por su manufactura y sobreviviendo al paso de los años. Este texto es considerado por muchos como una novela meta-literaria y clasificada por otros como una muestra de la nouveau roman o antinovela, que surge como movimiento literario en Francia en la década de los 50.

Se trata de un texto en donde el protagonista, José García –algunos mencionan la combinación de los seudónimos periodísticos de Vicens para la elección del nombre: Pepe Faroles y Diógenes García–, sufre desesperadamente por su imposibilidad de crear una novela. Y esta imposibilidad de la escritura, ésta su agonía diaria, se nos relata en forma de un diario siempre a punto de ser negado u olvidado, pero que el protagonista sigue escribiendo, porque confiesa en su delirio: “No puedo dejar de escribir”.

José García está casado, tiene dos hijos, según sus propias palabras es un contador mediocre y su vida le parece un fracaso. En su profunda soledad, se hace de dos cuadernos; al primero le dedica lo que podemos leer en El libro vacío y en el segundo desarrollará, cuando le quede claro lo que quiere decir, el verdadero relato que trascienda su gris cotidianidad, lo que nunca ocurre. Entonces, lo que leemos es el tormento que le produce al protagonista esa imposibilidad creativa.

Su necesidad de escribir proviene, según narra el mismo José García, de su intención de encontrar el arte y expresar mediante la creación literaria “algo”, ya que está convencido, de que “el hombre no posee más que aquello que inventa”. También escribe: “Sólo cuando abro mi cuaderno y tomo la pluma, vuelve a aparecer esa angustiosa atracción que se experimenta al borde de un profundo abismo”. Eso podría resumir la novela: se trata de un testimonio profundo desde el abismo, no sólo artístico, sino también humano.

Por lo anterior, es posible interpretar que ese vacío no sólo corresponde a la imposibilidad de la escritura en ese cuaderno de hojas totalmente blancas, sino también a la conciencia del protagonista, que avizora su novela como salvación y trascendencia y que, sin embargo, siempre hurga solamente en su soledad.

De esta manera, José García, a sus 56 años, entre narraciones de algunos sucesos de trabajo y de una infidelidad suya, junto a sus reflexiones sobre el arte y el artista, y su gran necesidad de comunicarse, desemboca siempre en la desesperación y la amargura de lo “no-escrito”. Pese a todo, hay momentos de reconocimiento: “Pero yo sé, yo únicamente, que ese vacío está lleno de mí”; de ahí que al final de la novela, en un estilo más sobrio y menos desesperanzador –sin que esto indique linealidad en el relato–, el “fallido” novelista vaya comprendiendo, a través de sus propias palabras, conceptos tales como el paso del tiempo o la experiencia: “Nada es fijo ni permanece inmóvil en el trémulo corazón del hombre”.

La recepción de El libro vacío.

La novela de Josefina Vicens fue bien recibida desde su publicación. Entre los elogios, merece destacarse una carta de Octavio Paz, que el poeta envío a la escritora desde Europa y que se incluirá, a manera de prólogo, en algunas ediciones. Vale la pena reproducir aquí parte de esa carta:

“Recibí tu libro. Muchas gracias por el envío. Lo acabo de leer. Es magnífico: una verdadera novela. Es admirable que con un tema como el de la "nada" […] hayas podido escribir un libro tan vivo y tierno. [Tus temas] nos muestran la conciencia del hombre y sus límites, sus últimas imposibilidades. […] Y aquí deseo anotar una reflexión al vuelo: literatura de gente insignificante —un empleado, un ser cualquiera […], situación de los hombres modernos ante una sociedad que da vueltas en torno a sí misma y que ha perdido la noción de sentido y fin de sus actos: ¿no son estos los rasgos más significativos del pensamiento y el arte de nuestro tiempo? ¿No es esto lo que se llama el ‘espíritu de la época’?”.

Rescatar el sentido de la historia (personal o social, vida íntima o colectiva), enfrentar la creación a la muerte, la ruina, el parloteo y la violencia: ¿no es una de las misiones del artista? Eso es lo que tú has realizado en El libro vacío […], ¿qué es lo que nos dice tu héroe, ese hombre que "nada tiene que decir"? Nos dice: "nada", y esa nada —que es la de todos nosotros— se convierte, por el mero hecho de asumirla, en todo: en una afirmación de la solidaridad y fraternidad de los hombres […]

”Y ahora quiero confiarte algo personal: la imposibilidad de escribir y la necesidad de escribir, el saber que nada se dice aunque se diga todo y la conciencia de que sólo diciendo nada podemos vencer a la nada y afirmar el sentido de la vida […] Ahora que reina en tanto espíritu la discordia y la ira divisoria, es maravilloso descubrir que coincidimos con alguien y que realmente hay afinidades entre los hombres. Creo que los que saben que nada tienen lo tienen todo: la soledad compartida, la fraternidad en el desamparo, la lucha y la búsqueda.

”Gracias de nuevo por El libro vacío, lleno de tantas cosas, tan directo y tan vivo [Septiembre de 1958]”.

Josefina Vicens, quien definía la literatura como “ese angustioso placer con el que nunca se queda uno conforme”, ha sido constantemente, en sus novelas, materia de análisis de diversos escritores o estudiosos de la literatura.

La maestra Elsa Cano dice que se trata de un texto totalmente introspectivo, que “se basa en un recurso: énfasis en no escribir para hacer exactamente lo contrario […] Lo importante es el tiempo interior, el espacio va a dejar de ser interesante [que es uno de los preceptos de la nouveau roman]”.

Por su parte, la escritora Eve Gil comenta: “Josefina Vicens […] plantea en su novela un conflicto central: ¿qué es un escritor? Más específicamente: ¿en qué momento puede el escribiente asumirse ‘escritor’? […] Si nos atenemos a la historia que sirve de fondo a la verdadera protagonista que no es José García sino la escritura […] Lo que hace de El libro vacío una ‘singular aventura’ es el forcejeo entre la vida vulgar y su impulso creador […] Una perfecta definición de ser escritor la da José cuando dice: ‘Es como ser dos. Dos que dan vueltas constantemente, persiguiéndose’.”

Y en general, sobre la obra de Vicens, la escritora Alessandra Luiselli recuerda lo siguiente: "Es una autora precursora en dos sentidos: es una de las primeras voces dentro de la narrativa mexicana en apartarse de la literatura regionalista […] es también una de las primeras mujeres escritoras en apropiarse de una voz masculina para narrar, siempre en primera persona, sus historias. […] Josefina Vicens, quien bajo el personaje José García (El libro vacío) y de Poncho Fernández, (Los años falsos) inaugura los espacios de la bitextualidad narrativa, una zona donde combaten lo femenino y lo masculino en forma tanto argumental como autoral. [Luiselli concluye que], dadas las características verdaderamente precursoras de la narrativa de Josefina Vicens, su novelística merece ser reconsiderada y ubicada en un lugar privilegiado dentro de los estudios de la literatura mexicana contemporánea.

Tras la muerte de la escritora, Octavio Paz expresó: “El libro vacío es un texto heterodoxo dentro de nuestra tradición, una introspección en el alma, en la conciencia del escritor''.

En la actualidad, Josefina Vicens es considerada por algunos lectores como una escritora de culto, pues su obra, además de marginal, es única en el desarrollo de la novela mexicana –pionera en su momento– y muy actual en sus temas. El libro vacío ha sido traducido al inglés y al francés.

Por último, la ya mencionada Aline Petterson, expresa: “Josefina Vicens inauguró en nuestro país, con su primer libro, una nueva manera de narrar […]El libro vacío está siempre a punto de ser llenado de nuevo por el lector que lo abra”.

2 comentarios:

  1. la mejor y mas llena historia de contenido es la de la de la manufactura del vacio....

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    1. Cierto! Gracias por tu comentario. ¡Saludos!

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